Sin embargo, los datos sugirieron que este ajuste carece de resultados estructurales, ya que mientras el gasto se reduce drásticamente, la deuda y las tensiones fiscales aumentan, poniendo en duda la viabilidad del modelo.
Aunque el Sector Público Nacional registró superávit en el primer trimestre de 2026, este equilibrio fiscal se basó en cimientos frágiles, condicionado por una estructura tributaria debilitada y una menor capacidad para financiar las funciones esenciales del Estado.
El ajuste implicó recortes severos en prácticamente todas las partidas del gasto público, incluyendo obra pública, programas sociales, transferencias a provincias y salarios públicos, con caídas significativas en comparación con el año anterior.
Una parte considerable de los intereses de la deuda se está capitalizando en instrumentos financieros en lugar de registrarse como gasto efectivo, lo que infla el stock de deuda sin impactar inmediatamente en el resultado fiscal, generando un "aumento silencioso del endeudamiento".
El escenario actual, con inversión pública mínima y retroceso en partidas sociales, limitó la capacidad de profundizar el ajuste, mientras aumentan sus costos económicos y sociales, desplazando el desafío fiscal hacia la búsqueda de fuentes de financiamiento más sólidas y menos regresivas.
El ajuste económico propuesto por Milei, aunque inicialmente parece haber logrado un superávit, se enfrenta a desafíos serios que amenazan su sostenibilidad a largo plazo.
La creciente deuda y la presión fiscal sugieren que el modelo actual podría no ser viable, lo que obliga a reconsiderar las estrategias de financiamiento y gasto público en el futuro. La dependencia de un ajuste severo podría resultar en costos económicos y sociales significativos, que el gobierno deberá abordar con urgencia.
