Un análisis distinto al oficial precisó que la inflación en marzo se vio impulsada por el aumento de precios en sectores regulados como educación, transporte, servicios públicos y alimentos, con estimaciones privadas que anticipan una aceleración cercana al 3% mensual.
Antes de la publicación de los números oficiales que se realizará este martes, se cuestionó la representatividad del Índice de Precios al Consumidor (IPC) oficial, ya que se basa en una canasta de consumo desactualizada de hace dos décadas, de (2004/2005), lo que subestima el costo de vida real.
Un informe del IIEP-UBA-CONICET recalculó los ingresos utilizando una estructura de consumo más actual, revelando caídas en el poder adquisitivo de los salarios, tanto del sector privado como público, entre 4 y 5 puntos porcentuales mayores a las cifras oficiales.
La desactualización de la canasta del IPC ha llevado a que la inflación real en 2024 sea 8 puntos mayor (126% vs. 118%) y que en 2023 creciera al 33% (vs. 32%). Esto ha resultado en una caída del poder adquisitivo que pasa de -10% a -13% al aplicar ponderadores nuevos, afectando más al sector público.
La situación actual, caracterizada por una inflación creciente y salarios en retroceso, plantea serias preocupaciones sobre el bienestar económico de la población.
La desactualización del IPC y su impacto en el poder adquisitivo reflejan una crisis que no solo afecta a los trabajadores, sino que también puede tener repercusiones más amplias en la estabilidad económica del país.
Las negociaciones salariales insuficientes, junto con la apreciación cambiaria, crean un escenario inestable que podría derivar en una mayor depreciación y un aumento en la inflación si no se toman medidas adecuadas para abrir los mercados financieros.
