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El castigo al esfuerzo: la paradoja de Clorinda




Opinión  |  18-11-2025  

Por: Lic. en Comunicación Social y Periodismo Adrián Pérez

La ciudad fronteriza se ha convertido en el espejo deforme de la política económica nacional. Las medidas que priorizan las importaciones han creado una crisis social insólita: el contrabando es más rentable que el empleo formal. Aquí te presentamos un análisis con la crudeza de algunas afirmaciones del concejal Carlos Ortega, las cuales desnudan la brecha entre la retórica oficial y el colapso del valor humano.

 

La derrota de la moneda digna

 

Clorinda, la segunda ciudad de Formosa, ya no batalla contra la inflación; libra una guerra contra su propia sombra económica. Históricamente un crisol de comercio dinámico, enfrenta hoy una paradoja insólita y letal: la derrota del trabajo formal.

 

El concejal Carlos Ortega, en su reciente análisis para el programa de streaming “De esto sí se habla”, no ofreció datos fríos, sino una estampa vívida del conflicto que actúa como nuestro punto de giro: hoy, “un "carrero", esa figura que transporta mercancía de contrabando desde Paraguay, puede ganar en una semana lo que un trabajador registrado percibe en un mes”, aseguró.

 

En este artículo exponemos la tesis demoledora y el ángulo insólito de la noticia: las políticas de importación han convertido el esfuerzo legal en una moneda menos rentable que el delito.

 

El espejo deforme y la fuga de valor

 

La ciudad, que fue puerta de comercio, es hoy la zona cero de una desmantelación. La línea invisible del río no solo divide países, sino que separa la esperanza de un sustento digno de la tentación del delito. Este no es un problema de ajustes; es la crisis trascendental del valor del esfuerzo.

 

La denuncia de Ortega no es una simple crítica, es la confirmación de lo insólito: un modelo nacional que ha declarado la guerra al pequeño y mediano comerciante, evocando los fantasmas de la destrucción comercial de los gobiernos de Menem y Macri.

 

Al priorizar la entrada masiva de productos importados, se ha generado un espejo deforme de la economía: el contrabando es premiado con rentabilidad mientras el negocio que paga impuestos y salarios se ahoga.

 

El castigo del salario: el sueldo, que debería ser el ancla de la estabilidad familiar, se ha transformado en una moneda de papel que se disuelve al cruzar el umbral del supermercado. La canasta básica en Paraguay, más barata, genera una fuga de valor que anula el esfuerzo de quien trabaja y tributa en Clorinda.

 

El efecto social: la destrucción del empleo tiene consecuencias humanas y sociales directas: el aumento del delito completa el inevitable paisaje social que afecta a los más vulnerables.

 

El contraste de la eficiencia abstracta

 

Mientras la macroeconomía nacional promete una eficiencia abstracta por la liberalización, el resultado micro en ciudades como Clorinda es la destrucción del ecosistema productivo local. Esta realidad está verificada: informes de la Cámara de Comercio local señalaron un cierre de negocios sin precedentes, y los análisis de otras entidades revelaron una disparidad salarial insostenible.

 

Refutación de la objeción

 

Se podría objetar que la liberalización es el precio de la estabilidad. Sin embargo, la evidencia desde la frontera refuta categóricamente esta lógica: la política, que en teoría busca la eficiencia, resultó en la condena del comerciante honesto, empujado a cerrar por una competencia que opera fuera de toda ética e impuesto. Es el castigo del sistema formal, y es este contraste lo que genera asombro.

 

Pararrayos incompleto

 

La crisis no es solo fronteriza; traza un paralelismo que logra hacer ver la desconexión social a todo el país. Ortega ejemplificó el absurdo: el costo de unas vacaciones en la Argentina se equipará hoy al de un viaje internacional, una imagen vívida que ilustra la brecha entre la retórica oficial y el día a día de millones que luchan por llegar a fin de mes.

 

En este panorama de recortes nacionales "inhumanos" (como la desafectación de cajas alimentarias o la eliminación de incentivos docentes), el apoyo del Gobierno Provincial actúa como un pararrayos social. La reducción de impuestos para los pequeños comerciantes y la asistencia son gestos de contención que evitan el colapso total, pero no atacan el núcleo del problema.

 

Clorinda, con sus comercios cerrados, ya no es una simple ciudad fronteriza; es un caso de estudio vivo. La política económica, al favorecer la importación sobre el trabajo local, destruye el tejido social y moral, condenando al ciudadano a la disyuntiva más dura: o la pobreza digna, o la riqueza ilegal.

 

¿Hasta cuándo el valor del esfuerzo propio seguirá siendo la mayor víctima del ajuste macroeconómico?

 

¿Ustedes qué opinan?







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