El reloj se detuvo en esa ciudad fronteriza donde Argentina y Paraguay se entremezclan. En algunos titulares se afirmó que más de 114 persianas bajas, en un año, la han convertido en un "pueblo fantasma". La vida económica se ha evaporado en Clorinda, no por una tragedia natural, sino por el lento y asfixiante estrangulamiento de los controles aduaneros que ahuyentan a los compradores paraguayos.
Este paisaje insólito, donde el comercio muere en cámara lenta, no es un hecho aislado. Es el eco de un país que se desgarra en tensiones políticas y económicas, donde cada actor se atrinchera para sobrevivir.
Tensión federal
En la capital provincial, el ministro de Gobierno Jorge Abel González levanta el escudo ante las críticas nacionales, calificándolas de "relato negativo" con fines políticos. La defensa del Estado provincial como garante de inclusión, aún con la “retirada de recursos del Gobierno nacional”, es la prueba de una guerra fría donde la moneda de cambio son los ciudadanos y sus necesidades básicas.
La confrontación es pura: mientras la provincia se ve obligada a actualizar tributos (como el ajuste de tasas en Clorinda para sostener servicios), el Defensor del Pueblo de Formosa, José Leonardo Gialluca, solicita a la Auditoría General de la Nación investigar la presunta apropiación indebida de fondos viales.
Esta petición de Gialluca no es solo una auditoría; es una andanada. Sugiere que el vacío normativo dejado por las reformas nacionales es como una carretera sin señales, que no solo pone en riesgo la infraestructura provincial, sino que también socava la confianza intergubernamental.
El Banco Central como casino
Mientras el interior se bate por servicios y fondos, el epicentro financiero en Buenos Aires ejecuta movimientos que desafían la lógica del mercado. La economía esperaba una devaluación, una purga del valor del peso. En cambio, el ministro Luis Caputo permitió su apreciación, una jugada que, para muchos, es tan sorprendente como ver la marea subir en seco.
Esta apreciación es un espejismo de estabilidad. Los mercados, al igual que los comercios de Clorinda, están llenos de dudas. La clave está en la liquidez: el Tesoro, bajo la promesa de acumular reservas, no ha logrado consolidar una entrada masiva de divisas.
La situación se vuelve crítica porque la principal fuente de dólares, el campo, no está liquidando al ritmo esperado. A pesar de la medida de "retenciones cero" para incentivarlos, la sangría de divisas no se detiene, y el costo fiscal para el Estado por esta medida ha sido significativo.
Aquí, la narrativa del "punto de giro" se impone: el país necesita dólares como un pulmón necesita oxígeno, pero la respuesta del Gobierno, una mezcla de apreciación inesperada y dependencia de financiamiento externo (el rumoreado préstamo del Tesoro de EE. UU. para el FMI), no genera confianza.
La batalla por la reforma
En el tablero político, la reforma laboral es el nuevo campo de desorden, discordia y confusión. Dos gobernadores clave, Martín Llaryora (Córdoba) y Manuel Orrego (San Juan), han dado su apoyo, viendo en ella una necesidad para el trabajo no registrado y las pymes. Este apoyo es un asidero fundamental para el presidente.
Sin embargo, la sutil pero profunda grieta se extiende hasta los cimientos de la dirigencia. El diputado Miguel Ángel Pichetto ha lanzado una crítica demoledora, no solo a la reforma en sí, sino al ministro Caputo, acusándolo de "desprecio hacia el Congreso" y de evadir la convocatoria. Esta tensión entre el Ejecutivo y el Legislativo es la advertencia de que las reformas no serán un cheque en blanco.
Incluso dentro de los partidos tradicionales, como la UCR, la renovación de autoridades es un tira y afloja de facciones, con gobernadores intentando imponer un liderazgo unificado, reflejando la complejidad de la política argentina actual.
La tensión se siente incluso en las bases, con las denuncias de irregularidades en el sindicato Luz y Fuerza: la lucha por la transparencia interna en el gremio, donde el acceso a la lista de candidatos es un obstáculo, es un microcosmos de la necesidad de democracia que atraviesa todas las estructuras de poder.
El precio de la curación implícita
El ángulo trascendental de esta convergencia de noticias de las últimas horas es la profunda disonancia entre la narrativa de "cambio" en el centro y la realidad de asfixia en la periferia.
La apreciación del peso es un calmante que disimula la hemorragia de reservas; el apoyo a la reforma laboral es una luz verde que ignora las objeciones democráticas; y la defensa provincial es un grito de auxilio por la soberanía. La pregunta insólita que subyace es: ¿Puede una nación alcanzar la estabilidad cuando la economía de sus fronteras se convierte en un pueblo fantasma y su Tesoro opera bajo un velo de misterio?
¿Ustedes que opinan?
