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¿Quién puso el voto de la UCR en la urna de Milei?




Opinión  |  30-10-2025  

Por: Lic. en Comunicación Social y Periodismo Adrián Pérez

Con un histórico 3,66%, el radicalismo formoseño se disuelve mientras sus bases castigan a la dirigencia y desafían el tablero del Gildismo y la irrupción libertaria.

 

La Unión Cívica Radical (UCR) de Formosa atraviesa su peor momento. Obtener un pírrico 3,66% de los votos en las últimas elecciones legislativas no es solo una derrota; es un certificado de defunción para su relevancia política actual en la provincia.

 

Este derrumbe plantea una pregunta incómoda: ¿qué queda del partido que alguna vez fue la principal fuerza opositora en Formosa?

 

En un intento por amortiguar el golpe, el actual conductor, Miguel Montoya, optó por la negación, rechazando el "fracaso" y culpando a la polarización nacional y al voto plebiscitario hacia la gestión de Javier Milei.

 

Sin embargo, los números fríos son un eco ensordecedor de la realidad: la base radical y los votantes del Frente Amplio Formoseño (FAF) no se abstuvieron, sino que migraron masivamente al espacio de La Libertad Avanza (LLA). Un 88% de afiliados y un 92% de votantes del FAF habrían puesto su voto donde antes habitaba la boleta radical.

 

Montoya, al aferrarse a la idea de su conducción indispensable, es la prueba más clara de la desconexión abismal entre la cúpula y sus bases, actuando como un faro apagado que sigue prometiendo guiar a marineros que ya encontraron otro puerto.

 

Un terremoto en Clorinda y la Capital

 

Aquí radica el análisis más fino y crucial. El gran interrogante que queda flotando en el aire formoseño es: ¿a dónde fueron esos votos tradicionales de la UCR? La respuesta no solo explica el 3,66% sino que también redefine el escenario para el Gildismo, el peronismo local y la oposición.

 

La irrupción de LLA rompió barreras históricas:

 

El misterio de Clorinda: La segunda ciudad de la provincia, uno de los bastiones peronistas donde el PJ local llegó a conseguir hasta el 80% de los sufragios, vio cómo LLA obtenía casi 7.000 votos más. Esto sugiere una fisura significativa en el tejido peronista y, más aún, absorbió el potencial voto de castigo opositor que antes se dividía.

 

La Capital y el dilema radical: En Formosa Capital, el caudal de votos de LLA fue igualmente notable. La pregunta se vuelve casi irónica: ¿el 90% de los electores radicales desaparecieron de la fas de la tierra, o se volcaron en masa a apoyar a la boleta de LLA, que llevaba al excandidato peronista Atilio Basualdo?

 

La evidencia apunta a una deserción masiva, donde el enojo con la dirigencia propia y el deseo de un cambio radical (en el sentido amplio del término) fueron más fuertes que la identidad partidaria. Los votos de la UCR no se esfumaron, se transfirieron a LLA.

 

Este flujo masivo no solo pulverizó a la UCR, sino que también explica por qué el Frente de la Victoria, a pesar de los resultados nacionales adversos, no logró doblar los votos necesarios para obtener los dos legisladores frente al triunfo de LLA.

 

El Gildismo se enfrentó, por primera vez, a un voto de castigo canalizado de forma eficiente y no a una oposición dispersa y en declive. La UCR no se transformó en aliada del Jofreismo o el Gildismo; simplemente se disolvió en el voto libertario, dejando al peronismo provincial ante un nuevo y más concentrado rival.

 

Crítica interna: El precio de la "Copia devaluada del gildismo"

 

Mientras la dirigencia intenta justificar el desastre, voces internas elevan una crítica demoledora.

 

El dirigente Blas Hoyos no tuvo filtros al acusar a la cúpula de haber convertido a la UCR en una "copia devaluada del gildismo". Su crítica es quirúrgica: la UCR ha perdido su esencia opositora al avalar la reforma constitucional de Gildo Insfrán y se ha enquistado en una lógica de "clanes políticos" dedicados a "repartirse cargos". Hoyos implora un "cambio de dirigencia" y que se pida "perdón a la ciudadanía" para evitar que el partido sea borrado de la faz política provincial.

 

Desde una postura más institucional, la diputada Agustina Villaggi reconoció la dura derrota, pero afirmó que el partido ya trabaja en la construcción de un candidato propio para 2027. Este enfoque en el futuro, aunque necesario, choca con la urgente necesidad de una autocrítica profunda sobre la pérdida de credibilidad.

 

Por su lado, el diputado provincial Juan Carlos Amarilla enfatizó la necesidad de ordenar la indisciplina partidaria y corregir desvíos ideológicos para recuperar la credibilidad del partido de cara a 2027. Además, Señaló la importancia de corregir la conducta de aquellos que cambian sus banderas de lealtad según la conveniencia o la moda, para que el partido sea creíble ante la sociedad.

 

En tanto, Miguel Montoya insiste en culpar a factores externos, mientras Hoyos y la realidad señalan al espejo.

 

El radicalismo formoseño parece haber llegado al punto donde la lealtad a la sigla se ha convertido en una sombra, superada por la necesidad del electorado de emitir un voto de derecha ideologizado por el odio, la bronca y el cambio. Aunque, la UCR hoy no es el partido que enarbola las banderas del cambio; es la metáfora de un árbol centenario que ha perdido todas sus hojas, y cuya cúpula discute quién se queda con las ramas secas mientras las raíces mueren.

 

El desafío para 2027 no es solo encontrar un candidato, sino recuperar la fe y la identidad de un partido que sus propios votantes acaban de repudiar.

 

¿Ustedes que opinan?







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