Las elecciones legislativas 2025 se cerraron dejando una imagen tan compleja como la de un espejo roto. El Gobierno nacional, a contramano de la lógica económica y social, no solo sobrevivió, sino que consiguió una victoria aplastante, logrando la proeza de revertir el vendaval de las primarias de septiembre.
La Provincia de Buenos Aires, el tradicional termómetro electoral del país, y el resto del mapa federal se pintaron con los colores de La Libertad Avanza (LLA), a pesar de un paisaje nacional marcado por el deterioro social y una economía moribunda.
El contraste de las urnas
¿Cómo es posible que una gestión que ha implementado, sin eufemismos, las políticas más perjudiciales contra los sectores vulnerables de la Argentina, desmantelando sistemas de protección y precarizando el empleo, el consumo y nuestra moneda, haya sido refrendada con semejante ímpetu?
La respuesta no es sencilla, pero se esconde en el corazón de los números y en el alma del desencanto.
Los resultados son claros: LLA se alzó con más del 40% de los votos (equivalentes a unas 9.300.000 voluntades), obteniendo 64 bancas en Diputados y 13 en Senadores, dejando a la principal fuerza opositora muy por detrás.
Esta "segunda oportunidad" otorgada por la ciudadanía se erige como un monumento a la polarización extrema y a la eficacia de una estrategia de campaña basada en un relato visceral.
La recuperación de LLA reveló la reactivación de una fuerza dormida, a través del voto antikirchnerista y antiperonista de corte histórico e ideológico, con un fuerte acento en la derecha argentina. El triunfo se cimentó, además, en instalar el miedo al pasado y en una profunda aversión a los liderazgos tradicionales de la oposición, que no lograron "convencer y enamorar" al electorado.
La remontada de "tantos puntos en contra, 14 en Buenos Aires, algo muy llamativo" se explica como un cambio de votos hacia el polo que, para ese segmento, representaba, según el mensaje, el "Mal Menor".
El voto a LLA no fue, primariamente, un voto de amor por la gestión, sino un voto "anti" que emergió del mismo sector no peronista: una reacción defensiva de un sector social que, aun sufriendo el impacto de los ajustes, percibió el regreso del pasado como una amenaza aún mayor.
Además, el 30% del electorado que asistió a votar y no acompañó a la oposición es la prueba de una profunda crisis de representación. A esto se suma la alarmante cifra de más de 11 millones de argentinos habilitados que no asistieron a las urnas, un "ejército invisible" de desencanto que no se inclinó por el cambio de rumbo, pero que, en última instancia, terminó favoreciendo al Gobierno.
El fiasco de "Provincias Unidas" y el dilema de la billetera
Un actor crucial en esta trama fue el espacio denominado "Provincias Unidas". Concebido como un "invento de laboratorio" de consultoría, este frente fracasó estrepitosamente en su intento de ser una tercera vía atractiva. Su mala elección resultó funcional a la derecha, atomizando el voto opositor.
El futuro de estas provincias ahora pende de un hilo. Ante la "seducción de la billetera del Gobierno", la promesa (o la amenaza) de la distribución de recursos federales es altamente probable que las administraciones provinciales, necesitadas de oxígeno financiero, terminen por "volver a acompañar las medidas de la LLA".
Este realineamiento de conveniencia, más que de convicción, asegurará al Gobierno una base de gobernabilidad fragmentada, pero funcional, en el futuro Congreso y en el territorio.
A la sombra del coloso extranjero
Finalmente, no se puede omitir la preocupante tendencia de una sociedad que, aparentemente, no ha "calculado la realidad de depender de los intereses de un Gobierno extranjero". La retórica de la soberanía económica ha sido eclipsada por la urgencia de la crisis y por el relato de una supuesta "tabla de salvación" externa.
La ciudadanía necesitaba una luz que les mostrara el camino seguro a través de la tormenta económica. Aquí, aparentemente, la oposición encendió una pequeña linterna, pero el Gobierno apuntó con esa luz desde un puerto lejano de intereses ajenos, y la gente, cansada por la intensidad del ajuste, corrió hacia esa emisión externa, sin medir el costo de la hipoteca de la independencia futura.
Para que quede claro, la victoria de LLA no es un cheque en blanco, sino el grito desesperado de una sociedad que, como el electorado que "decidió rescatar a Javier Milei" al modo de la resiliencia de Donald Trump, optó por una solución radical antes que por un retorno percibido como fallido.
El desafío para el Gobierno se mantiene: ahora debe gestionar la cruda realidad de un país que lo acompañó en las urnas, pero que sangra por sus políticas. Y para la oposición, el mensaje fue unánime y demoledor: la autocrítica será el primer paso para dejar de ser la herramienta involuntaria del triunfo ajeno.
La fisonomía formoseña y el voto histórico
El análisis del triunfo nacional de La Libertad Avanza (LLA) se enriquece, e incluso se complejiza, al descender al detalle geográfico, como lo demuestran los resultados de las elecciones de Diputados nacionales en la provincia de Formosa.
Los datos revelan que el voto histórico peronista logró contener el tsunami libertario, aunque no sin ceder terreno valioso en el proceso.
Formosa Capital
El corazón de la provincia mostró el pulso más competitivo. Si bien el Frente de la Victoria se impuso con un 49,04% (71.684 votos), la Alianza La Libertad Avanza no quedó lejos, cosechando un robusto 43,56% (63.673 votos).
En la Capital, la batalla se libró centímetro a centímetro, como una antigua frontera donde las fuerzas tradicionales (el Frente de la Victoria) lograron sostener su plaza, pero vieron al ejército libertario (LLA) consolidar un campamento a pocos metros de sus murallas.
Este 43,56% en el centro urbano es una herida abierta en la hegemonía histórica, que presiona sobre la gestión y anticipa una polarización aún más intensa.
Los bastiones rurales
El contraste se acentuó dramáticamente en las localidades con menor densidad poblacional, donde la fuerza del arraigo histórico opera como un escudo casi impenetrable.
Ingeniero Juárez: La Victoria arrasó con 70,07% (6.375 votos), mientras que LLA se quedó en el 27,00% (2.457 votos).
Villa Escolar: El oficialismo provincial retuvo el control con 64,10% (1.077 votos), dejando a LLA con 33,27% (559 votos).
Estos números, que superan ampliamente el 70% en algunos casos, reflejan la eficacia de las estructuras políticas territoriales y la persistencia de una dependencia económica y social que mitiga la ola de descontento nacional.
La polarización en las ciudades clave
Otras ciudades importantes mostraron una intensa polarización, aunque con resultados menos extremos que la Capital:
Clorinda: El Frente de la Victoria mantuvo el liderazgo con 61,45% (19.165 votos) contra el 33,43% de LLA (10.426 votos).
Las Lomitas: Aquí se dio la contienda más ajustada fuera de la Capital, con el Frente de la Victoria apenas imponiéndose con 49,92% (4.831 votos) sobre el 47,56% de LLA (4.603 votos). La diferencia fue mínima, lo que señala que el discurso libertario penetró profundamente en esta localidad del interior.
Los datos de Formosa ofrecen una lección de cautela al análisis del triunfo nacional de LLA. El éxito de revertir resultados en la Provincia de Buenos Aires no se replicó con la misma magnitud en los bastiones peronistas del Norte.
A pesar de la contundente victoria de LLA a nivel nacional, la resistencia de estos porcentajes formoseños demuestra que la "mano invisible" del mercado y el ajuste no son suficientes para desmantelar de la noche a la mañana los arraigos ideológicos construidos sobre décadas de presencia estatal.
Para estos sectores, el riesgo de perder los beneficios de políticas presentes que aún subsisten desarrollando a las familias y sus territorios pesa más que el castigo al Gobierno central.
El Frente de la Victoria, si bien triunfó, debe reconocer que LLA ha logrado establecerse como el principal polo opositor en la provincia, marginando a otras fuerzas como el radicalismo, que no apoyó a propios y en otros casos tampoco a sus aliados municipales. El 43,56% de LLA en la Capital ya no es una anécdota, sino una amenaza real a la hegemonía.
Los resultados de Formosa son el reverso de la moneda del triunfo nacional: muestran que la polarización es total, pero que la batalla por el territorio sigue siendo una costosa tarea de ingeniería social y política que ni el descontento ni el antiperonismo, antikirchnerismo, ni el "Viva el Cáncer" ideológico e histórico pueden ganar por sí solos.
¿Ustedes que opinan?
