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Sumidos al Violeta




Opinión  |  07-08-2025  

Por: Lic. en Comunicación Social y Periodismo Adrián Pérez

Una marea violeta, impulsada por un huracán mediático y el descontento popular, está reconfigurando el mapa político argentino.

 

Hoy se vislumbra la rendición del PRO y de gran parte de la Unión Cívica Radical (UCR) ante el avance implacable de La Libertad Avanza (LLA), un movimiento liderado por la figura emergente de Karina Milei.

 

Este fenómeno no es una simple alianza electoral, sino la absorción política en la que los viejos baluartes de la oposición se diluyen, perdiendo su identidad. Como un pez de aguas profundas que se deja arrastrar por la corriente, los partidos que alguna vez representaron una alternativa al peronismo o kirchnerismo, ahora se encuentran a la deriva.

 

Se trata de un proceso de desintegración que comenzó con la derrota de Juntos por el Cambio (JxC) en las últimas elecciones y que se acelera con la necesidad de supervivencia de sus dirigentes en un contexto de profunda polarización.

 

El divorcio de los hechos y los discursos

 

El análisis profundo de la situación política actual revela un abismo entre el discurso oficial y la realidad que vive la mayoría de los argentinos. Mientras el Gobierno se jacta de un supuesto "éxito" económico, los números fríos de la calle cuentan una historia distinta.

 

Las políticas de ajuste, impulsadas con la vehemencia de un martillo demoliendo cimientos, solo han beneficiado a los sectores más poderosos, mientras que la inmensa mayoría de la población padece las consecuencias de medidas insensibles.

 

No es una casualidad que el Congreso, en un reflejo de la voluntad popular, haya dado media sanción a proyectos cruciales como el financiamiento universitario o la emergencia pediátrica en el Hospital Garrahan, o al avance sobre Vialidad Nacional, el INTI, INTA e Institutos Culturales, medidas que el Gobierno, en su lógica implacable, se opuso con ímpetu.

 

La represión policial desmedida contra una marcha pacífica es otra imagen que ilustra la desconexión del poder con la sociedad y la creciente tensión social como consecuencia del sufrimiento ciudadano.

 

La exageración del Gobierno, que habla de "chantaje" cuando los legisladores buscan proteger derechos fundamentales, es la cortina de humo que esconde una gestión que no encuentra el rumbo.

 

Su única respuesta es culpar al pasado y acatar las órdenes de organismos internacionales, como el FMI, a costa del bienestar de la ciudadanía. La entrega de la UCR y el PRO, que una vez se alzaron como defensores de las instituciones, es una muestra de cómo la ambición política puede superar la lealtad a los principios.

 

El caso Formosa: un espejo de la disolución

 

La situación en la provincia de Formosa es una metáfora perfecta de lo que ocurre a nivel nacional. La oposición local, carente de un proyecto propio y sin el respaldo mayoritario de la ciudadanía, se ha resignado a la estrategia de la confrontación mediática y el "mensaje del odio" contra la administración del gobernador Gildo Insfrán.

 

En un acto de desesperación, después de sufrir derrotas contundentes en las urnas, han llegado al extremo de pedir una intervención federal, buscando en el poder central lo que no consiguen por la vía democrática.

 

En este contexto, el reciente acuerdo que se buscaba entre la UCR, el PRO, la LLA y otros espacios opositores en Formosa, liderado por figuras como Esteban López Tozzi, finalmente no se concretó debido a las exigencias impuestas.

 

Los partidos tradicionales, que exploraban la posibilidad de una alianza para construir una alternativa sólida para competir en las elecciones contra el PJ, no aceptaron las condiciones de ser absorbidos por el partido de Milei.

 

Si bien se intentó un pacto de supervivencia, donde se buscaba una cuota de poder a cambio de su identidad, las negociaciones se rompieron cuando La Libertad Avanza exigió que todos se presentaran bajo su sigla política y que la UCR cediera una banca, lo cual fue rechazado.

 

Esta dinámica contrasta fuertemente con la del peronismo en Formosa, liderado por Insfrán, que se mantiene unido y con un apoyo incondicional basado en logros concretos. Desde el avance en materia educativa y sanitaria, reconocido incluso durante la pandemia, hasta el desarrollo en ciencia y tecnología y el apoyo a los sectores más vulnerables, el Modelo Formoseño representa un modelo político unificado que ofrece resultados tangibles a la ciudadanía.

 

La nueva derecha

 

La afirmación de la rendición del PRO y la UCR se comprueba al observar cómo se diluye su voz en el Congreso. La derrota de los decretos desregulatorios de Federico Sturzenegger no se debió a la oposición de estos partidos, sino a la falta de consenso en el propio oficialismo. La LLA, a pesar de las alianzas, sigue siendo un partido que opera con la lógica de un movimiento disruptivo, sin respetar las estructuras tradicionales ni los acuerdos tácitos.

 

La renuncia de María Eugenia Vidal a competir por una banca y su rechazo a hacer campaña con LLA, la incomodidad de Jorge Macri en la negociación con Karina Milei, y la decisión de referentes como Ignacio Torres de acercarse al espacio de Provincias Unidas, son indicios de que el espíritu de JxC se ha disuelto. El viejo macrismo, que alguna vez fue un faro para la derecha, ahora se encuentra fragmentado, con algunos de sus dirigentes abrazando la ideología de Milei y otros buscando una tercera vía que aún no logra consolidarse.

 

La alianza con LLA es un pacto de sangre en el que, en lugar de crecer, los partidos tradicionales se están desangrando. La UCR y el PRO, con su historia y sus figuras de peso, se han convertido en meros vagones de un tren que no controlan, y cuyo destino es incierto.

 

La única certeza es que la economía de la atención, donde las palabras se convierten en imágenes, ha encontrado en el discurso disruptivo de LLA un terreno fértil para el avance. Es una batalla de relatos donde esta oposición, al no tener uno propio, ha optado por sumarse al del más fuerte, aceptando su propia desaparición en el proceso. El futuro de la política argentina se escribe hoy, y por ahora, con el lápiz que tiene el oficialismo.


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